José Antonio Barriga ganaba millones en los noventa gracias a Oyster, su antivirus. El problema fue que quebró. Ahora, 14 años más tarde, lo está intentando de nuevo. Y nada menos que con un tablet hecho en Providencia.

© José Miguel Méndez

Lo primero que José Antonio Barriga va a decir es que eso que tiene en las manos no es un iPad.

-Esto no sirve para bajarse una cumbia. Tampoco para jugar ping-pong. No es para la cosa light.

Barriga lo dice duro. Casi con una cuota de ironía. Como si estuviera cansado de que lo comparen con el último juguete resplandeciente que parió el diseño de Jonathan Ive y la factoría fetichista de Steve Jobs.

-Esto -dice Barriga con sus dedos gruesos y el calor de Providencia – sirve para trabajar.

Y esto, al menos en el segundo piso de esta oficina en  Manuel Barros Borgoño, tan cerca de Manuel Montt, quiere decir el MESH.

Ahora congelemos la escena y retrocedamos un poco.

Volvamos a junio de este año y detengámonos en esto: que en la feria Computex de China, una de las más importantes del mundo, Microsoft respaldó a un tablet chileno. En medio de un mercado sacudido por el iPad, un computador pensado en Providencia había llamado la atención de Steve Ballmer. Y ése se llamaba MESH.

No era muy glamoroso. Tenía un grosor de dos centímetros y, de lejos, parecía un gran ladrillo negro. El MESH, así como lo presentó Ballmer, nunca hubiera pasado los quisquillosos estándares de una feria de diseño. Pero algo tenía y quizás era eso: de los cinco prototipos que le llegaron al CEO de Microsoft, éste era el único que no pretendía ser un hermano bastardo del iPad. Tenía algo de rebeldía el MESH en su forma de ser. En ese deseo tan evidente que lucía de esquivar los gustos de los usuarios masivos y de aspirar a ser el nuevo chiche de esa clase tan distinta y distante que son los gerentes de informática.

Y eso, claro, tenía que tener una historia. Pero antes volvamos a Barriga.

BACK

Lo primero que hay que decir es que probablemente, antes de esto, hayan escuchado sobre José Antonio Barriga (47). Su caso era una suerte de ejemplo empresarial que servía para ilustrar qué pasaba cuando un talento joven y rampante apostaba mucho y muy temprano. Sucedía que él y su empresa Best facturaban cerca de US$ 12 millones anuales gracias a un antivirus. Tenía una alianza con la gigantesca IBM y vendía en 54 países. Barriga, en los 90, decía que era el Bill Gates chileno.

Entonces vino el quiebre.

En 1996, Barriga ya había desarrollado un apetito mayor. Pero un error de proyección le pasó la cuenta.

-Yo quebré con esta tremenda empresa, por jugar el juego de los apurados. Del estar preocupado del deal de la próxima semana. Entonces te metes en una dinámica que, como eres chico, no eres capaz de manejar.

Después de eso Barriga, que estudió Igeniería Comercial en la UC,  terminó en Dicom. Ahí acabó todo.

Se rearmó trabajando en Packard Bell, hasta que un día le hicieron una de esas ofertas que no podía rechazar.

-Me llamaron para ofrecerme ser National Technology Officer para Microsoft. ¿Y eso qué es?, pregunté. Mira, me contestaron, no lo tenemos claro.

El tema era éste: después de que Bill Gates se retirara de Microsoft en 2008, dejó a dos personas a la cabeza  de su compañía: Ray Ozzie, a cargo de las decisiones de corto plazo, y Craig Mundie, encargado de las de largo plazo.

De los cinco prototipos que le llegaron al CEO de Microsoft, Steve Ballmer, el MESH era el único que no pretendía ser un hermano bastardo del iPad.

-Craig Mundie -dice Barriga- tenía 20 apóstoles repartidos en el mundo. Y yo era uno de ellos. Teníamos reuniones cada tres meses, con todos estos personajes, para conversar a dónde iba la cosa. Surgió el tema del cloud computing, la nube que le llaman, donde había un cambio conceptual de lo que es la información. Ahora iba a seguir al usuario y no al revés. La idea era que en todos los dispositivos -como celulares, automóviles y refrigeradores- tú ibas a poder bajar la información relevante desde esta nube. Y eso se llamaba MESH computing.

-Y faltaba el MESH computer.

-Entonces como Jesucristo mandó a sus apóstoles a predicar, a nosotros nos mandaron a buscar el MESH computer. A definirlo. A hacerlo. Además, había un concepto de que la información estaba ubicua. Y de repente, hace un año, me cruzo con una empresa que se llama Ubicuos. Y, coincidencia o no, me cuentan el mismo cuento de la gente en Microsoft. Que quieren que sea su gerente general.

Sentir, de nuevo, esa sincronía.

Era todo lo que José Antonio necesitaba.

REFRESH

Ésta no era la China que imaginaba. No se parecía, al menos, a la que había visto por televisión en las giras presidenciales. La China real, como la llama Barriga, era la China hasta donde había viajado para construir su tablet. Era mayo de 2010 y Barriga ya llevaba cerca de dos años pensando y elaborando el primer computador parido desde una neurona chilena. Pero Shenzhen, ese lugar cerca Hong Kong donde armarían los primeros MESH, no era lo que esperaba.

-Las fábricas son galpones de cinco pisos que el gobierno entrega. Tú entras y es un canil. Ves las líneas de producción y son unas mesas llenas de chinitos. Y preguntas, pero dónde están las supermáquinas. Y te dicen ahí hay una. Pero no hay nada del otro mundo. Cero tecnología.

En ese mundo estuvo José Antonio durante siete de los últimos 12 meses. Durmiendo en una torre, donde estaba su hotel, y caminando hasta la torre del lado, donde queda la oficina china de Ubicuos.

Y claro, se dio cuenta que estar allá, a tantos kilómetros de Chile, con una barrera idiomática enorme de por medio, donde nadie hablaba inglés, no iba a ayudar. Así y todo, con ensayo y error, llegó el día en que tendría sus primeros 30 MESH tablets listos. Fue hace tres meses.

-Yo lloraba de emoción al ver mi computador ser armado. Empieza la cosa y empiezan los problemas. A la media hora no había ninguno de los 30 computadores listos. Ninguno funcionó. Me quería morir. Nosotros no lo diseñamos pensando en que el que lo iba a armar era un troglodita.

El problema, básicamente, fue éste: el MESH tenía tres tipos de tornillos distintos, destinados para diferentes partes del tablet. Los tipos en la línea de producción no se dieron cuenta y, además, añadieron silicona en los bordes sin que Barriga lo pidiera. ¿Resultado? Ningún equipo funcionó y varios terminaron quemados.

Barriga rediseñó todo y, finalmente, llegaron al MESH que tanto le gustó a Ballmer, que llegará al retail la primera semana de diciembre y que ya han probado en empresas como Adimark.

Y claro, el tema es que ahora, para seguir, necesita que lleguen nuevos inversionistas. Que lo llamen.

Pero Barriga lo ve difícil.
Después de todo, su tablet no sirve para jugar ping-pong.

Extraído desde Qué Pasa



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