La polar es una tienda vieja. Es una tienda que llevaba años vendiendo en San Diego. Digo llevaba, porque en la marcha no autorizada del 4 de agosto la historia de la tienda se acabó en el barrio. Un incendio la destruyó. Por supuesto, está pagando por sus crímenes. La justicia ha estado desde siempre manejada por abogados: el incentivo para esos muchachos es ganar los juicios, lo que hace que muchos chanchullos queden impunes. Pero la gente, esa noche del 04 de agosto, se tomó la justicia en sus manos.

Entiendo que la Polar, tal como la conocemos, nace en San Diego. Antiguamente había una tienda en San Pablo, pero cuando “pegan el salto” es cuando se instalan en la esquina de Tarapacá con San Diego, al lado del Ripley y al frente de Guendelman. Ninguno de los tres existen ya. Quedan los inmuebles: el Ripley abandonado hace años y alcanzado por el incendio de La Polar. La Polar, completamente destruida, Guendelman es actualmente el Santa Isabel.

Restos de su existencia quedaron en el lenguaje de todos los chilenos. Me acuerdo del liceo politécnico, ubicado al frente del Barros Borgoño. Como era liceo politécnico, la abreviatura era LP, lo que llevó a los borgoñinos a llamarle “La Polar”, porque era “llegar y llevar”. Los de La polar prácticamente fueron los pioneros del sistema de crédito en Chile y a eso se refería la frase. Como ya se sabe se dedicaron a pasarse de listos, creando la perversión que los ha llevado a la ruina.

La noche del incendio yo anduve dando vueltas por el sector. De hecho tengo algunas imágenes en video de barricadas afuera de La Polar. Media hora antes de iniciarse el incendio se acabó la cinta y me fui a mi casa. Así que me perdí el incendio, estando al lado. Pero recuerdo que toda la noche se escucharon las sirenas y recuerdo también el olor a humo. Al otro día fui de nuevo. Estaban apagando las últimas llamas. La foto que adjunto es de esa mañana. Aun quedaba acción. De hecho, cada vez que paso por la ciclovía de Tarapacá (todos los días casi) una humareda picante se me mete por la nariz. Quizá ese olor no se vaya nunca.

No es el único hecho policial que recuerda la tienda. Hace unos tres años un sujeto entró a robar. Dio vueltas unos 10 minutos, mirando camisas. Después sacó un arma, robó una caja y mató un guardia. Lo agarraron lueguito: había quedado registrado en la cámara. Hasta el final alegó que él no era el que salía en las imágenes y que el video había sido intervenido para inculparlo.

Yo nunca fui un comprador asiduo. Creo que en una oportunidad compré una estufa a parafina. Por supuesto, la compré al contado.

Extraído desde Eje San Diego

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